Archive for the ‘De mis contrastes’ Category

Fluorescente
noviembre 28, 2009

De repente estoy sola entre tanta gente,
de repente el frio se alía con mi vértigo,
y el día acompaña la melodía de no verte,
de solo tenerte cuando sueño contigo.

No eres dueño de ninguna de mis manías,
tampoco podrías evitarme sentir ese miedo,
no controlo cuando soy victima de tu anarquía
ni busco intentarlo cuando menos puedo.

De repente estoy sola entre tanta gente,
de repente creo que te veo entre la masa,
diferente, caótico, atento, fluorescente.

De repente te encuentro aquí, estoy viva,
y tragando saliva intento agarrarte,
pero no es tu mano y vuelvo a la deriva.

A la Mari.
Reynel.

Tatuado en la frente
noviembre 25, 2009

Olvidar lo aprendido frente al espejo,
linea ascendente del pecho a la mente,
y no tomar como ejemplo su reflejo
para cribar el derecho de la gente.

Sirve cualquier habitación de hotel,
mantel en cama, algo de canela en rama,
como escuela, un vergel de hojas de laurel,
y un cartel: “en alquiler para damas”.

Habrá que dejar de esperar más cartas
con el remitente tatuado en la frente
y el matasellos retirado de tanta lagarta.

Y a falta de chinchetas en el tablón,
con un condón usado pegaré las fotos
de los deshechos que provoquen admiración.

Reynel.

Flores marchitas
enero 4, 2009

image003

Joder si se hacen largas las tardes amargas,
sin que te valgan mil razones de placebo
para pescar el ánimo con una caña sin cebo,
y ser magnanimo ante tanta sobrecarga.

Que nada salga de exprimir motivaciones,
ni pegar acelerones a una forma de vivir,
ni salir más a pegartela con corazones de paso
de falso fondo y garganta de faquir.

Y probar excesos y abstenciones sin besos,
destronzandose el seso borracho a trompicones,
hasta los cojones de este caminar avieso.

Y presidir el congreso de flores de un día,
marchitas por la sequía de los nubarrones
que dejan frías aquellas razones tardías.

Reynel.

Octubre en mis heridas
octubre 14, 2008

Mierda, he vuelto a perder el hilo
al filo de otra mañana sin salida,
pasa cada vez que visito el exilio
que sufre octubre en mis heridas.

Siempre prometo huir de las fiebres
que tienen que soportan los huesos,
mucho exceso de peso sin que quiebren
en añicos por los caprichos del seso.

Devolveré al sustrato todas esas hojas,
a la tierra donde se aferra el olfato
buscando mejores olores que lo acojan.

Espero que no se venguen las raices,
que pierda fuelle este gris innato,
al no ver sangre en mis cicatrices.

Reynel.

Imagen: “Octubre en mis heridas” por Raul Durán. www.raulduran.com

Gris
octubre 8, 2008

Blanco, como la cara B de tu memoria.
Blanco, como la luz de esas farolas
que giran con mi ciego en una noria
sobre el ritmo manco de una gramola.

Negro, como vuela la noche en tu calle.
Negro, como la suela de los zapatos
que esperan en el suelo que la cama falle,
el sudor caye, o se vuelva metacrilato.

Blanco, como aquella fuga de vida,
que quiere ser inquilina de tu anexo
que a la luz de un flexo encuentra salida.

Negro, como el flanco de mi amarillo,
por donde atacaste con el invierno
para sacar el averno de mis bolsillos.

Reynel.

Bodas en lata
junio 30, 2008

Si te gusta la vida que llevas, ven y prueba
a ponerla del reves, a buscarle los tres pies,
en tus límites no imites las sombras de la cueva,
aunque tirites sentado al borde sin arnés.

Olvida salidas tontas de cientos por tanto,
cuanto menos pliegues velas, más vientos,
cuando más quebrantos duelas, menos mantos
revestirán de amianto tus desmandamientos.

Fuera vuelan balas de plata en la frontera,
bodas en lata entre los que nunca esperan
despertar mañana en una cajón de pino.

Pocas pajas para tanta garganta de cuerda floja,
mientras la luna no escoja hora de ponerse roja,
haz lo que debas, tan solo somos inquilinos.

Reynel.

A las puras y a las maduras
junio 21, 2008

El silencio del insomne acompasa los giros de gozne
que le mantienen en vilo, al filo de la madrugada;
cuando se abren las dudas, no así las maduras,
y tampoco es tan pura la costura de las noches crudas.

A baja velocidad las horas cobran personalidad;
cuando no importa caer, la luz pierde protagonismo,
aun más cuando no te ves fondo a ti mismo,
y entre tanto onanismo cuesta ponerse cachondo.

Un cartel cogido al pecho con tirafondos,
un cante jondo de amaneceres maltrechos
al barbecho de un sol asqueado de placeres.

Un lado malo del perfil con menos trasfondo,
un halo redondo como tetas de marfil
al escote de la cama con menos quehaceres.

Reynel.