Joder si se hacen largas las tardes amargas,
sin que te valgan mil razones de placebo
para pescar el ánimo con una caña sin cebo,
y ser magnanimo ante tanta sobrecarga.
Que nada salga de exprimir motivaciones,
ni pegar acelerones a una forma de vivir,
ni salir más a pegartela con corazones de paso
de falso fondo y garganta de faquir.
Y probar excesos y abstenciones sin besos,
destronzandose el seso borracho a trompicones,
hasta los cojones de este caminar avieso.
Y presidir el congreso de flores de un día,
marchitas por la sequía de los nubarrones
que dejan frías aquellas razones tardías.
Blanco, como la cara B de tu memoria.
Blanco, como la luz de esas farolas
que giran con mi ciego en una noria
sobre el ritmo manco de una gramola.
Negro, como vuela la noche en tu calle.
Negro, como la suela de los zapatos
que esperan en el suelo que la cama falle,
el sudor caye, o se vuelva metacrilato.
Blanco, como aquella fuga de vida,
que quiere ser inquilina de tu anexo
que a la luz de un flexo encuentra salida.
Negro, como el flanco de mi amarillo,
por donde atacaste con el invierno
para sacar el averno de mis bolsillos.
Si te gusta la vida que llevas, ven y prueba
a ponerla del reves, a buscarle los tres pies,
en tus límites no imites las sombras de la cueva,
aunque tirites sentado al borde sin arnés.
Olvida salidas tontas de cientos por tanto,
cuanto menos pliegues velas, más vientos,
cuando más quebrantos duelas, menos mantos
revestirán de amianto tus desmandamientos.
Fuera vuelan balas de plata en la frontera,
bodas en lata entre los que nunca esperan
despertar mañana en una cajón de pino.
Pocas pajas para tanta garganta de cuerda floja,
mientras la luna no escoja hora de ponerse roja,
haz lo que debas, tan solo somos inquilinos.
El silencio del insomne acompasa los giros de gozne
que le mantienen en vilo, al filo de la madrugada;
cuando se abren las dudas, no así las maduras,
y tampoco es tan pura la costura de las noches crudas.
A baja velocidad las horas cobran personalidad;
cuando no importa caer, la luz pierde protagonismo,
aun más cuando no te ves fondo a ti mismo,
y entre tanto onanismo cuesta ponerse cachondo.
Un cartel cogido al pecho con tirafondos,
un cante jondo de amaneceres maltrechos
al barbecho de un sol asqueado de placeres.
Un lado malo del perfil con menos trasfondo,
un halo redondo como tetas de marfil
al escote de la cama con menos quehaceres.
Eso fue lo último que grité antes de decidirme a crear un blog nuevo, reluciente, inmaculado, por desvirgar. Dejo atrás a Gorjeos, en un cajón de la mesilla cogiendo polvo, junto a los condones y recuerdos inútiles de algunos viajes.
Estos sudores de Junio lo han dejado claro, es hora de retroevolucionar un poco, mirar hacia dentro de un modo más visceral, y aprender a disfrutar de los contrastes. Que la vida es una mierda todos lo hemos pensado alguna vez; voy a aprender de los puercos, a vivir revolcandome en ella.